miércoles, mayo 23, 2018

Los niños de la Nueva Esperanza

Hoy vino Gio al control de niño sano. (Y que sea siempre por sano y no por patológico). Traía un hermoso muñeco con la camiseta de argentina que por supuesto tenía un 10 en la espalda. 
-Mirá- me dijo mostrándomelo. 
-Waw que bueno que está. ¿Qué es este peluche? 
-De mundial
-Está genial, ¿y vos jugás al futbol?- me dice que sí- ¿y metes muchos goles?- me dice que sí- ¿y qué jugador te gusta? 
-Messi- Y si, obvio. 
-¿Y quién más?- ese es mi espíritu amador de los personajes secundarios, pero como soy muy mala para el futbol no se me ocurrieron muchos nombres. -¿Higuain también? 
-No, Higuain no- me dice el mocoso- porque patea con la mano- Y ahí nos estallamos. -Messi y el huevito acuña- cuando le pregunto cuál es más capo responde: Los dos. 


ZAPALA 💖

CCT

¿Quién les hizo creer que el móvil era la guita? Astucia pura, así manejan los títeres, los grandes ladrones que se quedan con el pescado fresco. Y tampoco es tan difícil de entender, ya lo dijeron en esa serie que miramos todos como nabos. La fuerza más grande es el dinero, capaz de unir enemigos y separar hermanos... todo por la herencia. 
Nunca se trató de eso. 
¡Y qué pena pensamiento tan básico! 
Porque uno no piensa en su bolsillo, sino en un ideal romántico que sabemos que no existe pero con la esperanza de mantener lo que tenemos en esta provincia que parece mejor que las demás. Que adoptamos como hogar, dejando casa lejos, en parte por eso. Y además si así lo fuera, si uno realmente pensaría en el bolsillo individual, no se arriesgaría a los descuentos de pasarse el presentismo por el orto. 
Cuando se mueven masas, cuando protestan almas, es por un espíritu colectivo que no todos logran identificar. Es por algo más, por alguien más. 
Porque incluso aquellos que estén ligados a distintos sindicatos, pueden luchar por los derechos de los otros trabajadores. Todos los trabajos son dignos aunque algunos se sientan más bastardeados que otros. La dignidad hay que gritarla. 
Pero tampoco sé quién les dijo que icé mi título para flamear por sus rostros y creerme mejor que otro. El esfuerzo y el orgullo siempre fue mío... y de mis padres... aunque no hay título más noble y que quiera más que el de poeta 💗el resto es pura huevá. 
Mi bandera será por siempre celeste y blanca. Y en ella estamos todos. 



Cuando veamos que la patria es el otro, empezaremos a prosperar.


jueves, mayo 17, 2018

y Juan dijo "Hay que aprender a resistir, ni a irse ni a quedarse, a resistir"



Hablemos con propiedad y que se vaya todo a la mierda. Porque de hecho, ya se fue.
Hoy no es un jodido jueves, hoy es una verdadera poronga.
Sepan disculpar el léxico. Será solo por hoy, mañana seré dulce, y apaciguaré mis aguas. Voy a ir temprano al hospital, me voy a pasar el presentismo por donde me lo pasé todos estos días. Y a lo largo de la mañana caminaré por los pasillos abrazando compañeros, como hice todos estos días, porque es una necesidad mía.
¡Qué difícil levantar una construcción cuando hay hermanos vende-patria y sindicalismo mafioso que se aprovecha de la ignorancia que se deja comprar!
Hoy es esto, un día gris, mañana será otro día.
No todo está perdido, porque la única lucha que se pierde es aquella que se abandona.
Es cuestión de seguir creyendo/creciendo/floreciendo.
La luz, es el otro. Incluso en un día nublado. Un mate compartido, una charla al pasar, un desconocido.
“Hay que aprender a ser buena persona” Me dijo el técnico más piola que vino a hacerme la instalación.
Me contó de la mierda que hay en el ejército, y yo le conté de la mierda que era el convenio.
Me contó como su esfuerzo no valía nada hasta que decidió cambiar, me contó que se retiró y le dijeron que no iba a encontrar futuro y que no servía para nada. Me contó cómo consiguió laburo a los pocos meses, que hace lo que le gusta, que lleva su casa adelante, que ayuda a las personas desde su lugar.
Hoy era una poronga, un ex soldado NN le puso un poco de optimismo a mis mates.
Mañana floreceré más fuerte. Y recordaré las palabras de Juan.
Por algo somos resis. 


domingo, marzo 18, 2018

Alegre porque el final feliz no la había desilusionado, cerró el libro, aunque no terminó de despertar del todo. Giró sobre el césped verde y miró el cielo que extrañamente en ese momento era rosa. Ese color hermoso que aparece cuando lucha la tormenta contra el sol durante el anochecer.
-La revolución es este cielo abierto- dijo risueña
El sorbió el mate de un saque. Tenía la mirada gris, geométrica, calculadora. Suspiró. -¿La qué?
-La revolución- repitió ella volviéndose para mirarlo a los ojos.
-Ay Justina, dejate de joder, eso no existe. Es un cuento que inventaron para los pibitos.
-Sí que existe, aunque todavía no.
-No existe realmente, existe como concepto- ella lo miró fijo- A ver, ¿qué es para vos la revolución?
-La revolución empieza por uno- dijo indecisa.
-La revolución son los huevos- se reincorporó y dejó sus apuntes a un lado.
Justina suspiró y puso cara de fastido- ¡qué fino!
El se sentó a su lado muy cerca, hasta que sus labios quedaron a escasos centímetros y esas falta de oxígeno o el rubor en algún otro lado del cuerpo la hizo marear. Facundo le agarró suavemente los cabellos negros ondulados, penetrandola sus ojos grises juguetones y pícaros. La tumbó sobre el suelo, y la acorraló entre sus extremidades. Se sentía ebria a pesar de haber tomado mates toda la tarde. Cerró los ojos y lo último que vio fue el cielo rosa. Sus labios se encontraron sin prisa suavemente, dejando un recorrido que iba desde su cuello a la vertiente anhelada. Sus lenguas se chocaron ansiosas y danzaron y recorrieron lugares profundos.  Sentía el cuerpo de él tieso, rígido, ardiente. Sus manos suaves, su boca sedienta, los gemidos audibles.
Ella sentía su cuerpo rojo, cliente, temblar. Creía que en cualquier momento sus venas iban a estallar. Justo en ese instante, Facundo se alejó y se colocó  su lado, ella abrió los ojos y lo primero que vio fue el cielo rosa. Giró a un costado y lo vio con la respiración agitada sonreír.
-Hacer el amor es un acto revolucionario

lunes, diciembre 18, 2017

Los caminos de la vida ***


Cada día es rendir un examen. 
Miedos y ansiedad. 
Valor. 
Desanimo,
aprendizaje, 
cansancio, 
compañía, 
un sol de abrazos; rayos de luz iluminarias. 
Apostar todo
y elegir el único. 
Tomar un camino
tomar un mate 
tomar una mano
tomar un amigo. 
Tomar.
(Lo que hay en la foto... y lo que no hay)


sábado, diciembre 16, 2017

Hoy, mientras estudiaba por la mañana, un barrilete platense llegó gracias a las rafagas zapalinas que están soplando con ganas desde ayer (60km/h) a interceptar mi pensamiento. 




"te canto cuando soy esa manera azul del barrilete
el péndulo de la flor que llega con su río
la búsqueda del árbol
abriéndole las puertas a la lluvia musical del ave

*

quien tuviera un pájaro
su canto en la mirada
quien tuviera un ramo de abrazos para curar al mundo"


De la dulzura, 
Roberto Santoro. 

viernes, diciembre 15, 2017

Dos corazones y un solo latir.




De chica, cuando solía llevarle la contra a absolutamente todo lo que decía mi hermana para sentirme lo menos identificada con ella, pensaba que este chocolate era una cursilería estúpida. Recuerdo que pegaba estos poemitas y algunos de Neruda en el escritorio. 
Ahora, creo que es un invento maravilloso. No sólo porque el chocolate es realmente muy rico, sino porque sí es cursi... pero toda la idea, aunque sea puro marketing, es muy dulce. 
En aquellos tiempos en los que solía escribir mucho más, fantaseaba estúpidamente con meter un poema mía ahí adentro y conquistar a alguien. Pero mis poemas siempre fueron kilométricos... y de todos modos no me hizo falta. (El poema, y el chocolate soy yo ¿No Pipi?) 
Hace unos meses atrás... cuando empecé a hacer guardias y comencé a largarme sola conocí dos corazones. Ella consultaba por un dolor que no supe localizar... sospecho ahora que el dolor realmente no estaba donde ella me indicaba, y que incluso, aunque él callaba; su dolor era mucho más grande. Calculo que realmente esto es lo que sucede cuando un amor auténtico nace de dos corazones. 
Además de mis dudas académicas, lo que más me quedó suspendido en el cerebro fue esa unión. La alianza de oro entre ellos. La compañía, la promesa que habrán jurado a Dios. Los gestos de preocupación de él, mientras esperaba fuera cuando la revisaba ella. Las lagrimas de ella, y mi fe y energía en ese apretón de manos y abrazo en las que creí. Porque sus palabras de agradecimiento fueron tales, que realmente creí en la sanación y el poder de mis insignificantes miembros. 
A ella la vi solo una vez. A él lo volví a ver otro día que me atajó en la puerta, yo lo reconocí claro. Me pidió ver un resultado en un momento no adecuado. Por favor y debilidad se lo comuniqué, había salido bien. 
A los meses en los que yo empiezo con otra rotación, me cruzo al señor corazón otra vez, pero en el pasillo. Lo saludo al pasar, hasta que un día al verlo seguido, me detengo a conversar. Me habla como si yo estuviera al tanto de la situación... pareciera que la señora corazón está internada hace rato, que está sufriendo. Se le llenan los ojos de lágrimas, me dice que está llegando al fin, que lo deja en manos de dios. Que me agradece, que ella me decía "la japonesita". Yo la vi solo una vez en la vida. 
Le prometo que por la tarde la voy a pasar a visitar aunque me da miedo saber su estado, si se despertará, si me reconocerá. 
Salí decidida, es increíble como todos mis impulsos idiotas tienen tanta convicción. Pasé por un kiosko y compré un chocolate de estos. Me imaginé la escena, quería darles algo más. Quería que supieran que aunque eramos desconocidos, y nos habíamos visto solo una vez... ellos simbolizaban eso para mí. 
A la tarde pasé por el servicio, busqué y busqué. Ya no estaba, se había ido. Y yo, había llegado tarde. 
Me quedé con el mismo sabor amargo que se quedan los niños cuando no se cumplen sus ilusiones. 
El chocolate ahora espera en la heladera a que venga Pipi, para sacarme la amargura, y en honor hacer también de nuestro amor, una unidad más fuerte como la de ellos. 

Las tetas son de nosotras, las vaquitas son ajenas.

Soy mujer, soy hermosa y me gusta.
Que hermoso es ser mujer.
Y a cada uno lo que le toca... si hubiese nacido hombre diría "qué hermoso es ser hombre" pero no lo soy. No es cuestión de género, sino de identidad.
Y si me miro al espejo y me gusto, ¡bueno! no es asunto de vanidad. Siempre se empieza por quererse uno mismo.
A veces, no nos damos cuenta que la adultez nos otorga obligaciones y responsabilidades. En parte porque ella nos atraviesa sin darnos cuenta. En parte porque nadie quiere perder el niño que lleva dentro.
Hemos dado algunas charlas de sexualidad, reproducción, genero, a niños y adolescentes en escuelas.
Y me gusta... pero con los temas de la actualidad es difícil, cada vez más. Porque los adultos también muchas veces nos confundimos.
Hablamos del cuerpo, del amor, conocimiento y respeto.
Hacemos prevención, siempre, en cada consulta de niño sano desde la inspección de genitales al abrirles el pañal, hasta que ya tienen decisión para darnos permiso al revisarlos.
Y les explicamos, que nadie nos puede molestar ni hacer cosas que nos hagan sentir mal. Incluso que una mirada obscena, es sinónimo de acoso.
Y yo, que no soy nadie, pero con maternalidad, inocencia y egoísmo, deseo con todas mis ansias que el internet no llegue jamás a mi área rural, a mi campo, a mis chicos con sus chivos.
Deseo que jamás se estupidicen y confundan los "me gusta" y los corazoncitos con buenas intenciones.
Deseo que mis niños crezcan sanos, fuerte y con valores.
Deseo poder llevar adelante mis ideales y lo que les inculco. Que mis charlas no sean hipocritas y les pueda dar sentido a mis palabras en movimiento.
Deseo que mis mujercitas se amen, se reconozcan bellas y se gusten. Que sean libres y lo demás no importe nada.
Deseo que la pelotudez no nos llegue nunca.
Que tengamos un cuerpo bello, pero que sean más lindas nuestras acciones, nuestro pensar. Que mostremos las curvas de nuestro cerebro y de nuestros brazos fuertes con las bandera e ideales que icemos.
Que seamos siempre ricas, y la pobreza no nos encuentre nunca en operaciones estéticas para fotos desnudas. Que no caigamos nunca en deseos oscuros y desconocidos. Que no nos orgullezca nunca, los seguidores de nuestros pechos o trasero. Que no tengamos que mostrar la piel para alcanzar nada, para subir nada.  Que no seamos jamás tan superficiales... porque eso es miseria pura.
Deseo que seamos auténticas, que nos respetemos y nos hagamos respetar.
Que nosotros como adultos responsables, hagamos el labor de enseñar el autocuidado, el autoconocimiento, la intimidad.
Deseo tener los pechos grandes algún día... enormes, llenos de leche para mostrarselos... mejor dicho para ofrecerlo a mis hijos, en ese vinculo único que se forma en ese momento de la lactancia. Y desde ese instante, empezar a transferir todo esto que pienso con mi leche natural.

domingo, octubre 29, 2017

En este rincón del mundo. この世界の片隅に.


Hace algunas semanas que me quedan los fines de semana libres y quiero distraer mimente con alguna serie o pelicula... pero todas las que encuentro en Netflix me parecen insulsas.
Una amiga que está viviendo en Japón me dice "Tenes que ver esta peli, es del estilo de Ghibli". Tardé unos días en hacerle caso y con los 2 megas, tardé todo el sabado en descargarla y verla entrecortada. Y otra vez esa sensación en el pecho, en la piel, en algún lado que tampoco está en el cuerpo pero se siente caliente. ¿Será el espíritu? Oh dios, ¡qué hermosa película! Siempre... me gana la ansiedad cuando presiento que será de esas películas que me va a tocar el corazón, entonces me abstraigo y la historia me absorbe. Como si la sangre me tirara.
Y en todo momento, ese sentimiento melancólico de pertenencia. De distancia. De ausencia. De lejanía.
Y me puse a pensar en la historia de mis oji, de mis oba... en mi familia hermosa de Okinawa, en mi familia hermosa de Buenos Aires. Y los empecé a extrañar.
Porque ahora estoy yo, en este rincón de mundo. En este Domingo, donde las ráfagas zapalinas amenazan con arrancar las ventanas y barrotes.
Miré por la ventana un pájaro loco, pero de singular valentía me hizo sonreír al ver como continuaba su rumbo a pesar del viento. Eso es el espíritu, de vivir en libertad.