Me había levantado temprano para amargarme la mañana leyendo algo de inmuno seguro, materia que me parece asquerosísima. Así que me senté en la mesa con mi mate cocido al lado y desayuné con el enano y el ñoqui.
En eso, el enano ve el libro rojo y enorme, novela amada (que siempre tengo a mano para salir del infierno de una escapada), y dice- ROBERTO GOMEZ BOLAÑOS...
-El chavo-dicen a la vez, con mi viejo.
Y el enano sigue- ¿Escribió un libro? ¿Cuando escribió un libro?
Yo lo miro incrédula y antes de abrir la boca el ñoqui ya se está riendo porque se da cuenta lo que voy a decir.
-¡No es el chavo, pelotudo! ¿Donde dice Gomez Bolaños? ¡Que manga de idiotas!- les digo indignada y nos reimos los tres. La mañana ya estaba salvada.
Y después escuchar, de vos en voz
como
se faltan el respeto los reyes de la noche
(infieles
a su reinado)
pisándoles
el flequillo a los cuatro jinetes
del
miserable blues submarino,
puedo
decir, mientras me tomo unos ricos mates
con hojitas de menta
que
Vero me regaló ayer,
que
descubrí, tarde, pero no demasiado que,
el
éxito nada tiene que ver con la felicidad.
Conclusiones que he sacado luego de fumarme las palabras del postlabo.
Cuando escuché este tema por primera vez, estábamos en el recital de la Sole, y yo no conocía ninguna canción. Así que me sentía más desubicada que chupete en culo. Cuando anunciaron que se iba a tocar este tema Pini me dijo "Uy, este te va a re gustar. ¿Sabés de que se trata? Es de los aborígenes y de la campaña del..." "Del desierto" lo interrumpo apropósito. "No... bueno, sí también" Me dijo. El tema empezó a sonar con las luces azules atrás, y las primeras notas de la zarpada guitarra me atravesaron. Era como que algo estaba marchando -por que ese es el ritmo- adentro mío. En la sangre. Realmente fue increíble. Escucharlo en vivo, y coreado por toda la audiencia... no tiene descripción.
Lo cierto es que todas las versiones están muy bien. Calculo que es porque se interpretan con el alma.
A este chico lo había visto ya en la tele, y me tocó las fibras. Tenía el alma demasiado expuesta. Lo volví a encontrar por youtube, y su versión es... así.
En el contacto de la piel, de sus manos... en eso estaba pensando Agatha, mientras miraba de reojo el brazo de él, apoyado sobre la mesa, sin hacer nada. Porque en clase, Astor tomaba pocos apuntes; era de esos que escuchan y anotan poco.
Y ella disimulaba, pero no lo podía evitar. Le gustaba demasiado. Porque su piel, era blanca, casi transparente. Como el papel manteca. Y en su brazo se marcaban, excitantes, sus venas azules. Pero de ese azul que calma y purifica, azul blues, notas de piano. Como las membranas de algunos anfibios. Así de hermoso.
No pensaba demasiado. En ese momento era lo que más le gustaba de él. Después supo quizás por qué. Causa poética, Octavio Paz: "hay fuentes en el jardín de tus arterias". Y como para no enamorarse.
Deseó ser un bichito para posarse sobre su piel, pincharla, y entrar en uno de esos vasos para caer directo en su corazón.
De la contratapa de la Sudestada ((al maestro con cariño)): "En la historieta, Carlos era un tipo que salía volando por la luneta de un Fiat 147, con un libro del Quijote bajo el brazo y una tiza en el puño... Un tipo que volaba gracias a la sangre que le brotaba de su cabeza, que se transformada en capa de superhéroe"
miércoles, abril 04, 2012
Que el señor esté contigo y con tu espíritu Chinchu Ka.
Te quiero amiga. Siempre escucho a todos, pero tus cosas son las que más me quedan, así que dame buenos consejos eh!!! Todavía espero el que le ibas a dar a Hi, de como agarrar...
Entonces, la carretera. Kilómetro ochenta y siete… nada.
El día de pronto, se vistió de noche, y el camino a penas se vislumbraba.
Aburrido. Nada por aquí, nada por allá. Ya ni las vacas se ven, ni la luz mala, ni la buena.
Y un tremendo camión de la serenísima adelante, obligándome a ir despacio. Y como soy cauta espero, hasta que me canso, y decido pasarlo. Aprieto el acelerador y la vida se vuelve divertida con un poco de velocidad. Y así como si nada aparecen las luces enfrente. Justo en frente. Luces potentes como rayos. Colisión, y luego, pedazos de materia volando… como esparciéndose por el espacio. Morí.
Así el día que te vi los ojos, iluminaria. Los rayos me traspasaron, y vi cómo el cielo se despejaba y comencé a sentirme todopoderosa y potencialmente mortal.
Maravilloso y espontáneo. Segunda ley de la termodinámica; cumplida. Desde ese momento, todo se volvió un gran quilombo.
En la hora perfecta, la del crepúsculo, el encuentro fortuito entre nos.
Sin saber entonces que los minutos del principio y el fin quedarían impresos en los surcos del cerebro, bajo los símbolos poéticos de la retorcida relación denominada amistad. Sólo eso. ¿Sólo?
Habíamos destrozado la armonía con la que viajábamos juntos, riéndonos con el corazón.
Sí, habíamos hecho trizas eso que formábamos juntos. No sé, ¿qué formábamos? un universo paralelo para mí.
(Si)Te partías en pedacitos, cuándo no, y yo elegía los más lindos para mí. (Si)Te arrancaba la boca con un beso, y a veces, te arrancaba un beso con el alma.
Y después lo arruinamos, como la lluvia y el barro en un zapato. Todo lo manchamos.
Tenía mi corazón, los auriculares con la canción de jazz, el disco. De golpe, el silencio. Y el órgano comenzó a llorar. Venía de adentro la soledad.
Añicos de mí. Para volver a empezar hubo que barrer mis restos, y bajo alguna canción de Freddie Mercury, reinventarme. No así, mejor dicho, valorarme. Renacer, pero otra vez como yo, como lo que soy. Cuentas por minutos de mis valiosas células chocando con violencia, rompiendo el contador de centelleo. Haciéndolo mierda.
Ocho minutos. Ocho o diez minutos (podría una versión larga de la rapsodia), si es el tiempo que nos regala la luz después de la sentencia, cuando el sol, iluminaria, se apague. O lo que es lo mismo, vos me apagues cuando deje de verte. Eso fue la última vez que te ví, tu luz en mis pupilas por ocho minutos, y después… nada. Oscuridad, y a volver a empezar.
Aclaración: Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Soy una escribiente que se reserva los derechos de autor, je.
And when you know how much that means
You've found that special thing
You're flying without wings.
(westlife)
Te daba el sol en la cara, como si fuese una tarde mágica, y seguro lo era. Tiempo después me confesaste que la foto estaba retocada con fotoshop, y me sentí estafada.
Como la vez que el psicoanalista dijo que el amor no existe. Bueno, yo nunca lo vi pasar, pero igual sigo creyendo. Nací ilusa y crecí zurda.
Sacando todo el detalle que mata la naturalidad, no podía dejar de verte feliz. Y eso no se arregla con photoshop. Lo supe porque lo sentí y porque te amo. Lástima que los lentes oscuros no me dejaron ver tus ojos. Igualmente pude adivinar la razón en tus pupilas claras lunáticas.
Me habían hablado de las camisas, de las ropas y las marcas (marcas las de la piel y el alma). Pero tu sonrisa radiante, tus dientes blancos –esos que durante tanto tiempo escondiste por los frenos- acapararon toda mi atención. Y esto es así, no es poesía. La luz, venía de adentro tuyo. Y ahí, en tu sonrisa, en esa foto, estaba mi felicidad también. Y mi frustración, porque tu sonrisa es mi lucha. Con eso estuve soñando todo este tiempo. Y yo no pude lograrlo; estoy pensando en soltarte la mano. Sí esa yegua te hace sonreír así… será que quizá te merece. Y deberé aceptarlo.
De chiquita escuchaba esta canción en la versión de Silvina Garré y se me complicaban los agudos cuando intentaba imitarla. ¡Qué pedazo de letra! Que lindo dormise con con la melodía y la lluvia de fondo.
Fede Ratas:
Hoy es el cumple de Mata, el groso ;)
Cualquier regalo y/o deseo con buena onda será derivado a su blog.
Desde el fans club Los amigos de Mata, jaj, le deseamos larga vida y salud!
Ea ea ea!De vuelta de las vacaciones, y buscándole la alternativa a los ineptos de Telecentro que la primer semana que los contratamos nos dejan sin servicio. Dejando de lado eso. El día de ayer estuvo es-pec-ta-cu-lar. A brillar mi amor; radiantes... Mells, mi compañera de morfi, creo que no quedó nada que no hayamos probado. Aks, mi compa en el ondo. Dans, la que nos hizo laburar en el stand más mágico. Kars; la vi poquito pero brillaba igual, la iluminaba la remera de Andy. Las amo compañeras. Hermoso todo. Como el rubio que nos (nos?) compró los tsuru mientras la nana y yo boludeábamos. Estaba muy bueno, casi tanto como el yakisoba. Y así hablando de cosas lindas y compañeros, me cayó el fichín mientras veía a los taiko partiendo el viento. Los rostros de los pibes; eran felices, y por un momento los envidié. Envidia sana. Entonces me di cuenta que las cosas que se hacen en grupo tienen mejor sabor. Y eso me da paz para tomar algunas decisiones.